jueves, 12 de noviembre de 2009

Felicidad interna, bruto

Mucho se ha discutido y se discute sobre la medición del bienestar. De todas estas discusiones surge una conclusión ampliamente asumida: las medidas clásicas como el Producto Interior Bruto dejan mucho, muchísimo que desear. Por cierto, nunca mejor dicho eso de "desear".
Pues de deseos hablamos, sí, tanto o más que de necesidades.

Si aquel famoso culebrón mejicano nos enseñó que los ricos también lloran, resulta que el reino de Bután mide su progreso y bienestar recurriendo al Gross National Happiness o Felicidad Interna Bruta (FIB).



Ahora, apelando a una revolución estadística para "salir de la religión de la cifra", el siempre sorprendente Nicolas Sarkozy -por cierto, tampoco el patriotismo parece traer la felicidad- ha impulsado una Comisión sobre la medida del rendimiento económico y del progreso social, bajo la dirección de Joseph Stiglitz, Amartya Sen y Jean-Paul Fitoussi, con el fin de encontrar una nueva medida del crecimiento que tenga más en cuenta el bienestar de la población que el viejo PIB.
Hay tema.

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