martes, 10 de enero de 2017

El último regalo de Zygmunt Bauman

Ha muerto Zygmunt Bauman, seguramente el más mediático y conocido de los sociólogos. Sus libros y artículos me han acompañado desde hace tres décadas, y a su pensamiento debo en buena parte el tipo de sociólogo que soy.



Bauman era un científico social esencialmente normativo, profundamente preocupado por impulsar una sociología que evitara la banalización autorreferencial a la que nos vemos cada vez más condenadas y condenados quienes trabajamos en esta universidad de los rankings, los impactos y las excelencias. Como señala en ¿Para qué sirve realmente un sociólogo? (Paidós, 2014), "cuando hacen su trabajo correctamente, los sociólogos están, lo quieran o no, preparando el terreno sobre el que crece la conciencia moral y, de esta forma, la posibilidad de que se asuman actitudes morales y responsabilidades hacia los demás aumenta en función de su labor".

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Su último libro vuelve a insistir en estas preocupaciones morales (societales, convivenciales, relacionales):

"El más sobrecogedor y terrorífico de los múltiples peligros que acechan a la moral reside [...] en ese territorio en sigilosa (pero también constante e implacable) expansión que es el de la adiaforización, el área de las interrelaciones e interacciones humanas eximidas de evaluación moral y, por consiguiente, tratadas en la práctica como 'moralmente indiferentes', sujetas solamente a la valoración por su eficiencia a la hora de 'dar resultados'. [...]
Lo que se produce actualmente -en marcado contraste con la constante expansión del espacio de la interdependencia humana- es una constricción de la extensión del terreno de las obligaciones morales que estamos dispuestos a admitir, de las que estamos dispuestos a responsabilizarnos y que estamos dispuestos a aceptar como objeto de nuestra cotidiana y constante atención y nuestros esfuerzos de subsanación, y no sólo mientras duran las tristemente efímeras explosiones carnavalescas de solidaridad e interés detonadas por las imágenes de espectaculares tragedias sucesivas en la interminable saga de los migrantes que nos trasladan los medios. El problema es que,durante los largos intervalos temporales que separan tales carnavales morales, tendemos a vivir en un mundo marcadamente (y, porlo que parece, irremediablemente) dividido entre 'nosotros' y 'ellos'".

No leeremos más libros nuevos de Bauman. 
Pero la relectura de su obra es más importante hoy que nunca.

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